Hay que reconocerle a Gustavo Petro una habilidad extraordinaria: la capacidad de estar en ambos lados de la historia simultáneamente, como un gato cuántico de Schrödinger pero con wifi y cuenta de X. Esta semana nos regaló una masterclass de contradicciones que merece un análisis detallado, o al menos una carcajada colectiva.
Capítulo 1: «No lo reconozco, pero lo defiendo»
Resulta que Gustavo Petro pasó los últimos meses sin reconocer el gobierno de Maduro. Las elecciones fueron fraudulentas, hubo persecución a opositores, exclusión de candidatos… todo muy antidemocrático. Petro lo dijo. Petro lo declaró. Petro incluso lo trinó. Pero ahora que Trump capturó a Maduro en una operación que parece sacada de una película de acción de los 80, resulta que Petro publica un buen número de trinos en pocas horas. ¿Defendiendo qué exactamente? ¿La soberanía? ¿La dignidad latinoamericana? La oposición tiene sus propias teorías al respecto, pero dejémoslo ahí. La gimnasia mental es impresionante: «Sí, Maduro es un dictador que hizo fraude electoral, PERO Estados Unidos no puede capturarlo por la soberanía». Es como decir «sí, el ladrón roba en tu casa, pero la policía no puede arrestarlo porque viola la intimidad del domicilio del ladrón».
Capítulo 2: La semántica revolucionaria
Aquí es donde la cosa se pone interesante. Cuando el ELN secuestra soldados colombianos, en los comunicados oficiales aparecen como «retenciones». Cuando las disidencias de las FARC secuestran civiles, también son «retenciones». Pero cuando Estados Unidos captura a un dictador acusado de narcotráfico, Petro escribe textualmente que es un «secuestro». La lógica parece ser: si lo hacen grupos con los que se dialoga, es una «retención temporal con fines de negociación». Si lo hace Estados Unidos, Petro declara que es un «secuestro que destruye el Estado de derecho a nivel mundial» y que además (cito textualmente) «se han orinado sangrientamente sobre la soberanía». Ah, sí. El verbo «orinarse» apareció en un comunicado presidencial. Porque nada dice «estadista serio» como las metáforas escatológicas en Twitter.

Capítulo 3: El llamado heroico (al pueblo equivocado)
En un momento de inspiración bolivariana, Petro insta al pueblo venezolano a salir a las calles. ¿Para qué? Bueno, ahí la cosa se complica. Oficialmente, para rechazar la intervención estadounidense. Perfecto, una posición defendible. El pequeño detalle es que en el mismo mensaje parecía llamar a defender al gobierno de ese mismo Maduro que, según él mismo, nunca fue presidente legítimo. Déjenme ver si entiendo: un presidente colombiano que no reconoce a Maduro llama a los venezolanos a salir a las calles por… ¿la soberanía en abstracto? ¿El principio de no intervención? ¿O por Maduro específicamente?. Es como si un árbitro de fútbol dijera «ese gol fue ilegal y no lo voy a contar», pero luego llama a los hinchas del equipo a protestar porque no le contaron el gol. La coherencia tiene sus días buenos y sus días malos.
Capítulo 4: Twitter Wars Edition
Pero esperen, que lo mejor estaba por venir. Después de lanzar toda su artillería retórica contra Estados Unidos, Petro decide que también era buen momento para meterse con Elon Musk. Sí, el dueño de la plataforma donde estaba trinando. La respuesta de Petro fue épica: «No doy plomo ni tengo plata. Ni pido». Un mensaje tan profundo como un charco de lluvia, pero que si lo lees con música de Silvio Rodríguez de fondo, casi casi suena filosófico. Y luego, porque ¿por qué no?, aprovechó para cuestionar los cohetes espaciales de Musk. Porque claro, cuando estás en medio de una crisis diplomática con la potencia más poderosa del mundo, lo más sensato es abrir un segundo frente de batalla con un billonario que controla satélites. Estrategia pura.
Capítulo 5: Trump responde (y no es bonito)
Trump, siendo Trump, respondió con su característica sutileza. «Petro tiene fábricas de cocaína y debe cuidarse el trasero», dijo textualmente en Fox News. La traducción es libre, pero el mensaje era claro. La respuesta de Petro fue predecible: negó las acusaciones, defendió su historial limpio y… siguió trinando. Porque cuando un presidente con el ejército más grande del mundo te amenaza públicamente, lo más prudente es seguir el debate por redes sociales. Obvio.
Capítulo 6: El silencio ensordecedor
Pero aquí viene el plot twist: después de algunos trinos incendiarios en la madrugada, Petro cambió de táctica. Ya no opinaba directamente. Solo reposteaba lo que otros decían. Como cuando en una discusión familiar dices «yo no digo nada, pero mira lo que dice tu tío».
Reposteó a AMLO, compartió noticias sobre las bajas en el ataque, pero sus propias palabras brillaban por su ausencia. El presidente que había encontrado su voz revolucionaria a las 3 AM la perdió en cuanto Maduro apareció esposado en Nueva York.
Epílogo: Lecciones de una semana memorable
¿Qué aprendimos de todo esto?
1- Que puedes no reconocer a un dictador y aun así salir a defenderlo con pasión. La consistencia está sobrevalorada.
2- Que «secuestro» y «retención» son palabras completamente diferentes dependiendo de quién las use y para qué.
3- Que puedes llamar al pueblo de otro país a defender a alguien que tú mismo no reconoces como legítimo. La lógica es flexible.
4- Que discutir simultáneamente con Elon Musk y Donald Trump es una estrategia diplomática… digamos que audaz.
5- Que después de siete trinos categóricos a las 3 AM, el botón de «repostear» se convierte en tu mejor aliado.
6- Que invocar a Bolívar funciona siempre, aunque no tenga nada que ver con el tema en cuestión.
En resumen, Petro nos regaló una semana de entretenimiento puro. Contradicciones, indignación selectiva, metáforas memorables y cero autocrítica. Todo envuelto en un lenguaje revolucionario que suena profundo hasta que te detienes dos segundos a pensarlo. Y mientras tanto, Maduro está en una celda en Nueva York, Trump amenaza con invadir medio continente, y Petro sigue trinando. Porque al final del día, ¿qué más puede hacer un presidente del siglo XXI ante una crisis internacional? ¿Diplomacia tradicional? ¿Estrategia cuidadosa?
No. La respuesta es: trinar a las 3 AM y luego repostear.
Porque así se defiende la soberanía en 2026: 280 caracteres a la vez.
Nota del autor: Esta columna es un ejercicio de análisis crítico y satírico sobre declaraciones públicas verificables. Todas las citas entrecomilladas corresponden a declaraciones textuales reportadas en medios de comunicación. La crítica política mediante la sátira está constitucionalmente protegida como ejercicio legítimo de la libertad de expresión.
