La Derecha Colombiana y Su Autodestrucción Electoral

Si hay algo que la derecha colombiana domina con maestría olímpica es el arte de la autodestrucción. Tienen servida en bandeja de plata la oportunidad más clara en años para regresar a la Casa de Nariño. Estan  frente a un Petro desgastado, economía en caída libre, el fantasma venezolano más vivo que nunca tras la captura de Maduro, y un país exhausto del experimento progresista. ¿Y qué hacen con semejante regalo electoral? Lo que mejor saben: fragmentarse como cristal en terremoto.

Hace apenas unos días, María Fernanda Cabal y José Félix Lafaurie anunciaron su salida del Centro Democrático, la colectividad que debería estar consolidándose para enfrentar a Iván Cepeda en mayo. El motivo, Cabal perdió la selección interna frente a Paloma Valencia y, como buena alumna de la política colombiana, no aceptó el resultado. «María Fernanda no iba a ser la segunda de nadie», admitieron algunos.

Pero aquí viene lo delicioso. Lafaurie no solo renuncia. Pide una «escisión» para que Cabal forme su propio partido. Nada dice «somos la alternativa responsable» como dividirse a cuatro meses de las elecciones cuando tu adversario político está unificado.

La Caverna de las Sombras Propias

Volvamos a Platón, ese filósofo griego que entendía de política más que la mayoría de nuestros estrategas de campaña. En su alegoría de la caverna, los prisioneros solo ven sombras en la pared y las confunden con la realidad. La derecha colombiana vive en su propia versión, una caverna donde las únicas sombras que ven son sus propios egos proyectados. Están tan obsesionados mirándose entre sí, (midiendo quién es más uribista, quién más anti-Petro, quién tiene las credenciales más puras) que no ven lo que ocurre afuera de su burbuja ideológica.

Porque afuera de la caverna, el tablero es muy distinto:

La izquierda, con Iván Cepeda, obtuvo más de 1.186.095 votos en su consulta interna del Pacto Histórico, consolidándose como candidato único. Aunque hay dudas legales sobre si puede participar en la consulta del «Pacto Amplio» del 8 de marzo, pero ya tiene máquina electoral rodando.

El centro, con figuras como Juan Manuel Galán, Sergio Fajardo, y hasta Claudia López, trabaja en confluencias. La «Gran Consulta por Colombia» del 8 de marzo reunirá a nueve precandidatos buscando un candidato único. Ahí están Vicky Dávila, Paloma Valencia (la misma que Cabal no quiere apoyar), Juan Carlos Pinzón, Enrique Peñalosa, Aníbal Gaviria y otros.

La derecha independiente, con Abelardo de la Espriella inscribiendo más de 5 millones de firmas, va por fuera de toda consulta. Es cercano a Uribe pero rechaza entrar al Centro Democrático. Según la encuesta de Guarumo y Ecoanalítica, Cepeda tiene 33.6% y De la Espriella 18.2%.

Y mientras todo esto pasa, ¿qué hace el Centro Democrático? Romperse. Literalmente.

El Dogma Sobre la Estrategia

Aquí está la ironía suprema y deliciosa que hasta Platón aplaudiría desde su tumba: la derecha colombiana pasa el día criticando el «sectarismo» de la izquierda, su incapacidad para leer el país real, su encierro ideológico. Y resulta que padecen exactamente la misma enfermedad terminal. Están más preocupados por la pureza doctrinaria que por ganar elecciones. Prefieren perder siendo fieles a la «verdadera línea» que triunfar haciendo concesiones. Es el dogmatismo disfrazado de «principios innegociables».

Ya lo vimos en 2022, donde la división de la derecha en primera vuelta impidió una estrategia coordinada. El resultado: Petro en Casa de Nariño.

Ahora, en 2026, la película se repite pero con más actores y peor guión:

Paloma Valencia: candidata oficial del CD, participando en la Gran Consulta

María Fernanda Cabal: saliendo del CD para (probablemente) armar su propio circo político

Abelardo de la Espriella: derecha dura por fuera de toda consulta

Juan Carlos Pinzón: ex ministro de Defensa en la Gran Consulta con discurso de «Tolerancia Cero»

Vicky Dávila: también en la consulta, con su propia base mediática

Cinco figuras de derecha/centro-derecha. ¿El problema? En escenarios de segunda vuelta, las encuestas muestran que Cepeda derrotaría a De la Espriella con 39.4%, mientras De la Espriella obtendría solo 16.9% en proyección de primera vuelta. Y aunque tienen todo a favor:

1. Una gestión Petro que es manual de lo que NO debe hacerse

2. Crisis económica golpeando a la clase media

3. Venezuela como tema bandera tras captura de Maduro

4. Un país exhausto pidiendo sensatez

Continúan haciendo lo que mejor saben: dividirse mientras el enemigo se fortalece.

La Lección Jamás Aprendida

Si Platón levantara cabeza, probablemente escribiría «La República Uribista», donde Sócrates preguntaría: «¿Es más sabio ganar con concesiones o perder con pureza?» Y la derecha colombiana respondería: «¿Quién te envió, Sócrates? ¿Eres del Foro de São Paulo?»

Porque ese es el problema estructural: han convertido la política en teología. No hay espacio para pragmatismo, para construir mayorías, para entender que gobernar requiere sumar no restar. Solo existe la verdad revelada del uribismo y los herejes que la cuestionan.

Mientras Cabal pide escisión, mientras Paloma intenta consolidar una candidatura que ni su propio partido unifica, mientras De la Espriella va solo con sus cinco millones de firmas, mientras Pinzón vende «Tolerancia Cero» a quien quiera oírlo, el centro se organiza, la izquierda afina su maquinaria, y Cepeda construye con la paciencia del que sabe que sus adversarios trabajan para él.

Analistas como Lorena Lázaro señalan que la salida de Cabal genera una «ruptura del muro de contención», fragmentando el voto y debilitando lo que Uribe buscaba mantener unido para 2026.

La derecha colombiana está escribiendo su propia derrota. Están tan ocupados mirando sus sombras en la pared de su caverna ideológica que no ven la salida. Y lo peor, si pierden cuando en mayo, dirán que fue culpa del «establecimiento», de los «medios», del «castro-chavismo infiltrado». Nunca admitirán lo obvio, que fueron ellos mismos quienes se derrotaron. Que tener cinco candidatos de derecha compitiendo entre sí es la forma más eficiente de regalarle el poder a quien dicen combatir.

Porque al final, la estupidez política no está en tener adversarios fuertes. Está en ser tu propio enemigo más efectivo.

Publicado por Guillermo Saa M

Soy una neurona que se negó a morirse de aburrimiento en Colombia y ahora escribe columnas para documentar la decadencia con sarcasmo, datos y mala leche bien administrada

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