En el circo electoral de Colombia 2026, el Consejo Nacional Electoral acaba de ejecutar un zarpazo maestro que tiene al progresismo sangrando por las comisuras. Iván Cepeda, senador de la izquierda dura, ya ungido como candidato oficial del Pacto Histórico tras ganar su consulta interna en 2025, puntero en encuestas con 30%, intentaba el golpe perfecto, participar en la consulta del denominado Frente por la Vida el 8 de marzo para ampliar su base electoral.
Pero el CNE dijo: «Niño, a la banca». Cepeda queda fuera de esa segunda consulta. Y mientras el guardián ideológico del petrismo lame sus heridas constitucionales, un felino político se lame los bigotes en la penumbra. Roy Barreras, el camaleón de mil pelajes, huele la sangre y se prepara para el festín.
Entendamos el tablero. Cepeda ya tiene la candidatura del Pacto Histórico en el bolsillo desde 2025. Ganó su consulta interna, tiene el sello oficial, cuenta con la bendición de Petro. Está listo para ir directo a la primera vuelta del 31 de mayo con esa maquinaria militante que moviliza huestes.
Pero Cepeda, ese estratega que conoce las limitaciones de su proyecto, sabía algo, «el petrismo duro tiene techo electoral». Ese 30% es formidable para el núcleo militante, pero insuficiente para ganar una presidencia. Necesitaba ampliar su base. Necesitaba seducir al centro-izquierda no-petrista, a los progresistas vergonzantes que quieren cambio social sin las cargas mediáticas del gobierno Petro.
¿La solución? Participar en la consulta del Frente por la Vida del 8 de marzo. Ganarla (probable, dada su fuerza en encuestas). Y así, con DOS legitimidades —la del Pacto Histórico Y la del progresismo amplio—, presentarse como el candidato de la unidad izquierdista sin fragmentaciones. Era una jugada maestra. Hasta que el CNE dijo «no».

La decisión del Consejo Nacional Electoral es técnicamente impecable, constitucional y clara. Cepeda ya fue candidato en una consulta (la interna del Pacto Histórico en 2025), no puede participar en otra (Frente por la Vida 2026). Caso cerrado, siguiente tema.
Pero el timing, ay el timing, es de relojería suiza en beneficio Barrerista. Porque con Cepeda fuera de la consulta del 8 de marzo, ¿quién emerge como el león alfa de esa selva progresista? Sin la competencia del ícono ceperiano, sin tener que medirse contra ese bastión de pureza ideológica que moviliza a la izquierda testimonial, Roy Leonardo Barreras Montealegre tiene la consulta servida en bandeja de plata. Los demás aspirantes del Frente por la Vida son apenas gatitos comparados con la maquinaria política del exsenador liberal-conservador-uribista-petrista (sí, todo eso en una sola carrera).
¿Qué gana Roy con esta consulta? Todo:
1. Reposición millonaria: Unos 8.287 pesos por cada sufragio válido, financiados por el Estado. Combustible para la campaña.
3. Legitimidad del «progresismo amplio»: No es el candidato del petrismo (ese es Cepeda). Es el candidato del progresismo SIN las cargas del petrismo. El tipo al que puede votar la centro-izquierda sin tener que defender cada trino incendiario de Petro.
3. El voto huérfano: Todos esos electores progresistas que querían a Cepeda en esa consulta pero ahora no tienen ícono al que seguir. ¿A dónde van? Una parte significativa caerá en los brazos barreristas.
De un modesto 2-6% en encuestas tempranas, Roy puede catapultarse como el unificador del progresismo no-militante, absorbiendo votos que de otro modo se hubieran ido con Cepeda en su intento de ampliar base.
La jugada es de manual maquiavélico, dejar que el CNE haga el trabajo sucio, no disparar un solo tuit contra Cepeda (mantener las formas, la cordialidad), y emerger como el sobreviviente por default. Roy ronronea satisfecho mientras su rival se enreda en batallas jurídicas.
Aquí viene el giro tragicómico de esta telenovela institucional. Porque si bien Barreras gana la batalla de la consulta del 8 de marzo, el progresismo pierde la guerra de la primera vuelta del 31 de mayo.
Veamos el tablero completo:
1. Cepeda irá a primera vuelta como candidato del Pacto Histórico (ya tiene el aval desde 2025). Con su 30%, arrastrará el voto militante petrista. Ese núcleo duro inquebrantable que votará llueva, truene o relampaguee.
2. Barreras llegará como candidato del Frente por la Vida (si gana su consulta el 8 de marzo, cosa probable sin Cepeda). Pescará en el río del centro-izquierda no-petrista, los progresistas vergonzantes, los que quieren cambio sin ruido.
¿El resultado? Votos progresistas dispersos como confeti en carnaval, frente a coaliciones de centro-derecha más cohesionadas.
La aritmética es brutal, supongamos que Cepeda saca 2 millones de votos en primera vuelta y Barreras arrastra 1.5 millones. Esos 3.5 millones divididos valen MENOS que 2.5 millones concentrados en un solo candidato. Es matemática electoral básica, pero al progresismo colombiano siempre le ha costado sumar.
Mientras tanto:
Vicky Dávila con su maquinaria mediática sembrando pánico moral, consolidando el voto del miedo.
Sergio Fajardo pescando indecisos con su cátedra de ética pública y poses de buen profesor.
El uribismo 2.0, sea quien sea su candidato, movilizando ese ejército electoral que nunca falla, que vota disciplinado, que no se fragmenta en debates ideológicos.
El progresismo, que soñaba con llegar unido como bloque histórico, se desangra en la fragmentación. Y lo peor, es una fragmentación estructural, no accidental. Porque Cepeda YA TIENE su candidatura oficial. No puede renunciar. Barreras (si gana su consulta) TAMPOCO puede renunciar sin quedar como traidor. Están condenados a competir.
No me malinterpreten, Barreras sale fortalecido a corto plazo. Ese 8 de marzo podría ser su coronación, con fondos públicos para campaña y el sello de «unidad del progresismo amplio» rueda de prensa triunfal, aplausos tibios de Semana, editorial benevolente en El Tiempo.
Pero en el tablero grande, en el juego de mayo, la pregunta duele: ¿con qué ejército electoral pelea Roy en primera vuelta?
El núcleo duro petrista votará por Cepeda (candidato oficial del Pacto Histórico).
El centro-derecha tiene sus propios candidatos.
El voto indeciso desconfía de cualquiera que huela a progresismo, Petro-friendly o no.
Roy quedará en tierra de nadie, muy cercano al petrismo para el centro y muy tibio para la izquierda militante. El clásico destino del candidato «bisagra» en un país polarizado, todos lo necesitan para negociar en segunda vuelta, nadie lo quiere de presidente. Y Cepeda, con su 30% sólido pero insuficiente, tampoco llega. Queda tercero, cuarto, fuera de balotaje. Su proyecto testimonial cumple su función, mantener la llama revolucionaria encendida, recordar que existe una izquierda de principios. Pero no gobierna.
Mientras tanto, Vicky o Fajardo o el candidato uribista que sea pasan a segunda vuelta, observando pacientes cómo el progresismo se suicidó solito.
Claro, siempre queda la posibilidad de la jugada maestra escondida. Tal vez Barreras no juega a ganar en primera vuelta. Tal vez su estrategia es llegar a segunda como el mal menor negociable.
Escenario: Primera vuelta fragmentada. Vicky 27%, Fajardo 19%, Cepeda 17%, Barreras 13%, otros dispersos. Va a balotaje Vicky vs Fajardo. Y ahí, en esa segunda vuelta entre dos proyectos de centro-derecha, ¿quién negocia mejor? ¿Cepeda con su pureza ideológica incómoda? ¿O Barreras con su pragmatismo de mercado político? En ese escenario, Roy tiene valor, ofrece los votos del progresismo no-petrista a cambio de ministerios, políticas sociales, cuotas burocráticas. Es el intermediario perfecto entre el petrismo duro y quien necesite esos votos para ganar el balotaje.
Pero eso, querido lector, no es ganar. Es sobrevivir. Es seguir siendo relevante en el tablero sin jamás llegar a mover las fichas maestras.
Epílogo
Mientras escribo esto, imagino tres escenarios simultáneos:
Cepeda, en su oficina del Senado, redactando comunicados sobre «la defensa de la democracia» tras la decisión del CNE, preparando su campaña presidencial oficial del Pacto Histórico, convencido de que la historia le dará la razón (spoiler: la historia da la razón a los muertos, no a los candidatos derrotados).
Barreras, en su estudio con Excel y whisky, calculando escenarios de segunda vuelta, sonriendo ante la jugada perfecta del CNE, preparando discursos de «unidad progresista» que suenan bonito pero no ganan elecciones.
El CNE, ese árbitro supuestamente imparcial, aplicando la norma con precisión quirúrgica en el momento exacto en que más daño hace al proyecto de unidad izquierdista, demostrando una vez más que en Colombia las instituciones funcionan… cuando conviene.
¿Quién gana? Nadie del progresismo. Esa es la respuesta brutal.
Barreras gana su consulta del 8 de marzo. Cepeda mantiene su candidatura oficial del Pacto Histórico. Ambos van a primera vuelta con proyectos distintos, electorados distintos, imposibilitados de unirse. Y ambos pierden.
Porque al final, en esta Colombia nuestra, asistimos a una verdad dolorosa, el progresismo colombiano es experto en ganar argumentos morales y perder elecciones reales.
Mientras tanto, la centro-derecha observa, paciente, sabiendo que el enemigo se está suicidando solito. Vicky afila sus editoriales incendiarios. Fajardo practica su sonrisa de sabio incomprendido. El uribismo prepara su maquinaria electoral.
Y el pueblo, ese gran olvidado, sigue esperando que alguien gobierne de verdad en vez de actuar en este eterno circo de consultas, inhabilitaciones y fragmentaciones.
¡Sigan el show! La temporada 2026 promete finales de infarto, aunque el desenlace ya lo conocemos: pierde el país.
